De Borge a Mara Lezama: la historia podría volver a colocar a un partido gobernante frente a uno de sus propios cuadros
Por Sandy Aguilera
Quintana Roo ya vivió una historia parecida.
Hace diez años, el PRI parecía tener el control absoluto del estado. Gobernaba Roberto Borge y desde el poder se procesaba una sucesión que terminó fracturando al partido.
Carlos Joaquín González, uno de los cuadros priistas que aspiraban a la gubernatura, quedó fuera de la candidatura. Rompió con el PRI, encontró respaldo en otras fuerzas políticas y fue postulado por la alianza PAN-PRD.
El resultado cambió la historia de Quintana Roo: Carlos Joaquín ganó la elección de 2016 y terminó con décadas de gobiernos priistas.
Hoy Morena debería mirar con atención aquel episodio.
DE BORGE–CARLOS JOAQUÍN A MARA–RAFA MARÍN
Morena decidió que Eugenio “Gino” Segura encabece la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Quintana Roo, posición que lo coloca en la ruta hacia la candidatura a gobernador en 2027.
Segura no es un personaje ajeno al actual gobierno. Fue secretario de Finanzas y Planeación durante la administración de Mara Lezama y mantiene una evidente cercanía política con la gobernadora.
La propia prensa nacional ha documentado esa relación política, mientras Segura ha rechazado que el gobierno estatal haya intervenido en su designación.
Pero Morena tiene un problema adicional: no hizo públicos de manera íntegra los resultados de las encuestas con las que justificó su decisión.
Si las encuestas fueron el instrumento utilizado para definir quién debía encabezar el proyecto en Quintana Roo, ¿por qué no transparentarlas?
No se necesita afirmar que fueron manipuladas para plantear una pregunta elemental:
¿Por qué Morena no muestra a los quintanarroenses los números completos que determinaron una decisión política de esta magnitud?
Durante el anuncio de Segura incluso se escucharon gritos de “fraude” provenientes de simpatizantes inconformes. Eso no demuestra que haya existido fraude, pero sí evidencia que la decisión no dejó satisfechos a todos dentro del movimiento.
¿Y RAFA MARÍN?
Aquí comienza el verdadero paralelismo.
Rafael Marín Mollinedo no es un personaje recién llegado a la llamada Cuarta Transformación.
Es uno de los fundadores de Morena en Quintana Roo y ha ocupado posiciones importantes dentro de los gobiernos emanados del movimiento.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente por qué no fue elegido.
La pregunta política es otra:
¿Qué pasaría si Rafael Marín decide hacer lo que Carlos Joaquín hizo en 2016?
Carlos Joaquín abandonó al partido que había sido su casa política y encontró en otras fuerzas la posibilidad de competir.
Rafa Marín podría encontrarse frente a una disyuntiva semejante.
El Partido del Trabajo constituye una posibilidad particularmente interesante. Hasta ahora el PT no ha formalizado su participación en una eventual coalición con Morena en Quintana Roo, mientras que el Verde sí ha expresado respaldo al proyecto encabezado por Segura.
Pero el PT tampoco tendría por qué ser la única posibilidad.
Si Rafael Marín decidiera abandonar Morena y buscar la gubernatura por otra vía, distintas fuerzas políticas podrían valorar respaldar su candidatura.
No significa que esos acuerdos existan actualmente ni que Marín haya decidido romper con Morena.
Significa que políticamente existe esa posibilidad.
Un personaje con trayectoria nacional, estructura política y conocimiento del estado podría convertirse en una pieza atractiva para partidos interesados en construir una alternativa electoral en Quintana Roo.
EL ERROR QUE COMETIÓ EL PRI
En 2016 el PRI posiblemente tampoco imaginó las dimensiones que alcanzaría su fractura.
Carlos Joaquín salió.
PAN y PRD lo recibieron.
Miles de priistas terminaron abandonando también al partido para incorporarse al movimiento que encabezaba.
Y el candidato que había quedado fuera del partido gobernante terminó derrotándolo en las urnas.
La investigación académica sobre aquella elección identifica precisamente la fractura de las élites priistas como uno de los factores que hicieron posible la alternancia.
La historia deja una advertencia política para cualquier partido: excluir a un liderazgo con estructura propia no necesariamente lo elimina de una elección; puede convertirlo en adversario.
¿OTRO 2016?
El paralelismo resulta inevitable.
Roberto Borge gobernaba Quintana Roo cuando Carlos Joaquín quedó fuera del proyecto sucesorio del PRI.
Mara Lezama gobierna Quintana Roo cuando Rafael Marín queda fuera del proyecto encabezado ahora por Gino Segura.
Carlos Joaquín encontró otros partidos dispuestos a respaldarlo.
Rafael Marín podría, si decidiera romper con Morena, buscar también otra plataforma política.
La diferencia es que todavía falta mucho por escribirse.
No sabemos si Rafa Marín permanecerá en Morena, si eventualmente buscará otra candidatura o si alguna fuerza política decidirá postularlo.
Tampoco corresponde anticipar quién ganaría una eventual contienda Marín-Segura.
Pero el precedente existe.
Y DESPUÉS VIENE LA RENDICIÓN DE CUENTAS
Existe además otro paralelismo que Morena no debería ignorar.
Cuando Carlos Joaquín llegó al gobierno en 2016 colocó la transparencia y la revisión del gobierno anterior entre los temas centrales de su administración.
Hoy existen cuestionamientos públicos sobre diferentes aspectos del manejo gubernamental en Quintana Roo que deberán ser esclarecidos por las autoridades correspondientes.
Si en el futuro una administración distinta ordenara auditorías, revisiones financieras o entregara información a las fiscalías y de esas investigaciones surgieran pruebas de desvío de recursos, peculado o cualquier otro delito, quienes resultaran responsables podrían enfrentar las consecuencias administrativas y penales previstas por la ley.
Eso incluye a cualquier servidor o exservidor público, independientemente de su posición política.
La cárcel no la decide un gobernador ni puede utilizarse como amenaza electoral: tendría que existir una investigación, pruebas, una acusación y finalmente una determinación judicial.
Pero la rendición de cuentas sí puede convertirse en uno de los grandes temas de la sucesión de 2027.
LA PREGUNTA QUE MORENA DEBE HACERSE
Hace una década el PRI tenía el gobierno, la estructura y el aparato político de Quintana Roo.
También tenía a Carlos Joaquín.
Hasta que dejó de tenerlo.
Lo que ocurrió después cambió la historia política del estado.
Hoy Morena tiene el gobierno, tiene a Gino Segura y conserva una enorme estructura política.
Pero también tiene frente a sí a Rafael Marín, uno de los hombres que participaron en la construcción del movimiento en Quintana Roo y que quedó fuera de la decisión sucesoria.
Por eso, más que preguntarse qué hará Rafa Marín, quizá Morena debería hacerse una pregunta mucho más incómoda:
¿Está construyendo a su propio Carlos Joaquín?